jueves, 11 de mayo de 2017

El jardinero fiel, una película para reflexionar.

La novela de John Le Carre. El jardinero fiel, llevada ya al cine, y en la que se narra la conmovedora historia de Quayle, un flemático diplomático inglés que decide investigar el asesinato de su mujer, y en donde se vuelve a poner bajo lupa las compañías  farmacéuticas y el acceso a los medicamentos en el tercer mundo.
La novela ha sabido combinar todos los ingredientes para construir un duro alegato contra la industria farmacéutica difícil de desmontar.
Todo empieza cuando una mujer joven, inteligente, apasionada y guapa, colaboradora desinteresada de una ONG en África, es asesinada cuando intenta revelar las turbias maniobras de una empresa farmacéutica. Es la historia de David contra Goliat, un combate desigual. Como expresa uno de los personajes de la película, “es la lucha de unos cuantos voluntarios que trabajan en organizaciones con ordenadores donados frente a empresas que tienen millones para gastar en relaciones públicas”.


Ahora bien, con independencia de la verosimilitud de la trama de El jardinero fiel, lo cierto es que el sector farmacéutico no parece gozar de buena imagen en las últimas dos décadas. Para mucha gente resulta difícil justificar los enormes beneficios de las compañías farmacéuticas, cuando millones de niños mueren diariamente por falta de medicamentos o por tener estos un precio excesivo. Y en efecto, cada año las enfermedades infecciosas matan a 14 millones de personas en los países menos desarrollados, lo que equivale a 30.000 muertes diarias. En África, las enfermedades infecciosas y parasitarias representan el 60% de las muertes.



Seis enfermedades –neumonía, diarrea, sida, malaria, sarampión y tuberculosis- son, según la OMS, la causa de la mayoría de estas muertes, que matan principalmente a niños y a jóvenes. Se estima que sólo la malaria tiene un coste de 12.000 millones de US$ de pérdidas en el PIB de los países del África subsahariana y consume el 40% del gasto en salud pública de la región.
Ante la crudeza de estas cifras las miradas se vuelven airadas hacia las empresas farmacéuticas, acusándolas de ser las principales responsables de esta situación.
El sector farmacéutico parece preocupado exclusivamente de ganar cada año más dinero con la venta de medicamentos, cuyo precio hincha artificialmente para pagar los altos salarios de sus ejecutivos. Resulta escandaloso, acusan, que su investigación esté centrada en desarrollar productos para atender las enfermedades de los países opulentos (cardiovasculares y del sistema nervioso), mientras en los países pobres la gente se muere por falta de la medicación adecuada o por ser ésta demasiado cara.
La solución, 

De acuerdo con el Informe Beyond Philanthropy, elaborado conjuntamente por Oxfam, Save the Children y VSO, es fácil, y pasa por adoptar las siguientes medidas:
1) Precios diferenciales para los países menos desarrollados. Las compañías farmacéuticas deben tener una política de precios especial para los países menos desarrollados que atienda los problemas de la salud pública que esos países enfrentan.
2) Mayor flexibilidad en la protección de las patentes. Las compañías farmacéuticas deben flexibilizar la aplicación de la protección de sus patentes cuando éstas afecten o puedan afectar gravemente a la salud pública de esos países.
3) Más investigación y desarrollo en las enfermedades infecciosas. Las compañías deben hacer un mayor esfuerzo por destinar más recursos a la investigación y desarrollo de medicamentos para las enfermedades infecciosas.

En conclusión a las compañías farmacéuticas se les ve el plumero en algunos aspectos, es obvio que son empresas privadas que tienen que tener sus beneficios pero no son como una empresa de ropa, en sus manos esta la solución a muchas enfermedades, hay gente como nosotros los del primer mundo que tenemos suerte y podemos acceder fácilmente a los medicamentos. Deberían de tener más corazón y pensar que si esas familias pudiesen costear el tratamiento lo harían pero no pueden porque sus vidas son bastante tristes, muchos pasan hambre, sed, frío.., y eso las farmacéuticas lo deberían de tener en cuenta, no ser tan avariciosos, pensar en gente que aunque lo intenta no consigue pagar sus precios y ayudarles lo máximo posible, porque mañana esos niños podrían ser sus hijos,





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